

Como cada diciembre, familiares de víctimas de inseguridad y siniestros viales se congregaron en las escalinatas del Ministerio Público de la Acusación. Entre adornos con rostros de ausencias, Miranda, la madre de Gustavo Felipe, relata el calvario de una causa que no avanza.
Hace un año que la vida de su familia cambió para siempre. El 6 de diciembre de 2024, poco antes de las 21:00 horas, su hijo Gustavo Felipe y su compañero Tomás Rodríguez fallecieron en el acto en la intersección de la Ruta Nacional 11 y Juan Domingo Perón, en Puerto General San Martín. Los jóvenes circulaban en moto cuando chocaron contra un camión que, según las investigaciones preliminares de Bomberos Voluntarios de San Lorenzo, intentaba ingresar a la Playa San Miguel.
Una causa en punto muerto
A pesar de que el conductor del vehículo mayor fue identificado como Lucas P., con domicilio en Chabás, el proceso judicial parece haber caído en un laberinto de burocracia.
"Todavía no tenemos noticia. Nada, se estancó. ¿Por qué? No sé", confiesa Miranda con la voz entrecortada por la impotencia.
Para ella, la falta de movimiento en el expediente no es solo un trámite demorado; es una herida abierta que no puede cicatrizar. Mientras el sistema judicial maneja tiempos de oficina, Miranda cría a sus dos nietos, quienes hoy viven con ella y su nuera, enfrentando el día a día sin el sustento y la presencia de Gustavo.
El pedido: Cárcel e inhabilitación
El reclamo de los familiares es concreto. No buscan venganza, sino la aplicación efectiva de la ley. Miranda es clara en sus exigencias:
Pena de prisión efectiva para el responsable.
Inhabilitación inmediata de la licencia de conducir.
Celeridad procesal para evitar que el olvido garantice la impunidad.
Un brindis por los que no están
El "Árbol del Dolor" es un espacio de duelo colectivo. En ese rincón de San Lorenzo, las historias se entrelazan. Miranda no pide solo por su hijo; su deseo para este 24 de diciembre trasciende su propia tragedia.
"Yo levantaría la copa el 24 para pedir justicia por todos estos chicos que están acá, toda esta gente, y por otros que no estén", afirma. Es un gesto de generosidad en medio del desgarro: pedir que ninguna otra familia tenga que pasar la Navidad frente a un edificio público reclamando lo que debería ser un derecho: justicia.




