
A 13 años del colapso del puente entre San Lorenzo y Puerto General San Martín
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La madrugada del derrumbe
El puente, ubicado sobre el arroyo San Lorenzo, había sido cerrado al tránsito días antes del colapso. Las autoridades locales, alertadas por la erosión visible en la base y las losas fracturadas, habían dispuesto la interrupción vehicular por riesgo de derrumbe. Sin embargo, la naturaleza terminó por anticipar cualquier plan de refuerzo: las lluvias de los últimos días de octubre provocaron una crecida que socavó los cimientos y, en cuestión de horas, la estructura cedió completamente.
Testigos de la época recuerdan el estruendo y la impotencia. “Fue un ruido seco, tremendo. Desde la costanera se veía cómo el agua arrastraba los restos del puente”, contaba entonces un vecino del barrio. En pocos minutos, San Lorenzo y Puerto quedaron incomunicadas por esa vía histórica que durante décadas había sido escenario del paso constante de vehículos, trabajadores y estudiantes.
Consecuencias inmediatas: aislamiento y caos vial
El colapso generó una disrupción total en el tránsito entre ambas ciudades. La única alternativa de conexión inmediata fue la autopista Rosario – Santa Fe, con desvíos a la altura de los kilómetros 331 y 335. La medida provocó largas demoras, sobre todo en horarios de ingreso y salida laboral, afectando a cientos de personas que diariamente cruzaban el puente para trabajar en las plantas industriales del cordón portuario.
Empresas de transporte, servicios de emergencias y hasta escuelas locales debieron reorganizar sus recorridos. “Era una locura. Para ir de un lado al otro tenías que hacer más de 10 kilómetros por autopista”, recordaba un chofer de línea interurbana en una nota publicada semanas después del hecho.


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