
Generaciones enteras respirando el desprecio empresarial de ACA
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Lo que para el complejo agroindustrial de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) es ritmo de producción y embarque, para las familias que habitan a pocos metros es un "eterno drama" que ya ha saltado de generación en generación.
"Esto no es nuevo. Es un reclamo de fácil 10 o 15 años. Pasó una generación y ahora nos toca a nosotros", relata uno de los vecinos afectados en una nota realizada tiempo atrás. La convivencia con la planta de almacenamiento y el paso constante de camiones ha transformado la fisonomía del barrio.
A pesar de que la empresa ha adquirido algunas propiedades frentistas para mitigar el conflicto, el problema de fondo persiste. No se trata solo de quién vive frente a calle Mosconi, sino del aire que se respira y del suelo que vibra para todos.

Respirar "cáscara": La salud en jaque
El testimonio más crudo surge cuando se habla de la salud. El polvillo de cereal se filtra por cada rendija.
• Asma y alergias: Una de las vecinas, bajo tratamiento neumonológico, depende de nebulizaciones constantes y certificados médicos que acrediten que el aire de su propio barrio la está asfixiando. "Me falta el aire, cada tanto me hago 'paf' porque no puedo respirar", confiesa con resignación.
• La amenaza a la infancia: El caso más alarmante es el de una pequeña de apenas dos años. Según denuncian sus familiares, la niña se encuentra bajo tratamiento oftalmológico debido a las infecciones recurrentes provocadas por el polvillo del cereal. El diagnóstico es devastador: si la exposición continúa, existe el riesgo real de que pierda la vista en el futuro.
"En mi casa cae como el pellejito. Se ve a trasluz, parece una tierra constante. Dicen que el embarque es nocturno para que no se vea, pero la mugre está ahí a la mañana", señala otra de las vecinas que se sumó a la demanda colectiva iniciada hace un año.

Los vecinos recuerdan una promesa que parecía ser la solución definitiva: la construcción de una nueva planta en la zona de Timbúes. Se les dijo que la actividad pesada se trasladaría allí y que la zona de Mosconi quedaría solo para almacenamiento liviano, reduciendo drásticamente el flujo de camiones. Sin embargo, el movimiento no cesa.
Las casas de tantos otros frentistas muestran las cicatrices de este conflicto: rajaduras profundas en techos y paredes que son el recordatorio diario de las vibraciones del suelo.



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