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Alejandra MorenoLa presencia de mujeres en espacios de poder político y económico ha crecido en las últimas décadas, pero los obstáculos estructurales siguen marcando el ritmo de su avance. El techo de cristal, el piso pegajoso y las escaleras rotas no son metáforas abstractas, sino realidades que condicionan el acceso y la permanencia de las mujeres en cargos de liderazgo.
En política, las mujeres han conquistado más espacios, pero su rol sigue vinculado al mandato de servicio. Se espera que sean gestoras del bienestar. Sin embargo, pocas llegan a los espacios donde se toman las grandes decisiones estratégicas, y cuando lo hacen, el camino está lleno de desafíos adicionales. Las escaleras rotas reflejan esa dificultad: el ascenso no es lineal ni continuo, sino que está marcado por interrupciones y mayores exigencias para demostrar capacidad y legitimidad.
El ámbito empresarial no es muy distinto. Los datos muestran que las mujeres que lideran startups reciben menos inversión que sus pares varones, y en el mundo corporativo, las brechas salariales persisten incluso en los mismos cargos. No es una cuestión de mérito ni de preparación, sino de estructuras que aún no han logrado generar condiciones de equidad real. El piso pegajoso representa las barreras que dificultan incluso el primer despegue: las mujeres suelen cargar con mayores responsabilidades de cuidado y enfrentar expectativas que limitan su proyección profesional.
Estos desafíos no son individuales, sino colectivos. La transformación requiere políticas públicas que promuevan igualdad de oportunidades, sistemas de financiamiento y capital de riesgo que sean más accesibles para mujeres emprendedoras y estructuras de liderazgo donde el talento y la visión sean el criterio central, sin sesgos. También exige un cambio cultural, donde se deje de asociar el liderazgo femenino con el sacrificio y el servicio, y se lo reconozca como lo que es: una fuerza clave para el desarrollo político y económico de las sociedades.
El camino recorrido es valioso, pero todavía queda mucho por construir. Romper con los techos, despegarse del piso y reparar las escaleras no es solo una cuestión de equidad, sino una necesidad para el crecimiento y la innovación en todos los ámbitos de la sociedad.


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