
Editorial: El eco de la memoria a medio siglo del quiebre
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El golpe de Estado no fue solo una interrupción del orden constitucional. Fue la instauración de un plan sistemático de terror que dejó heridas profundas en el tejido social: desapariciones, exilio, la apropiación de niños y el desmantelamiento de la matriz productiva y cultural del país. Hoy, al mirar hacia atrás, no lo hacemos desde el rencor, sino desde la convicción de que la Verdad y la Justicia son los únicos cimientos sobre los cuales se puede edificar una nación sana.
La construcción de esta memoria colectiva no ha sido un camino lineal. Es el resultado de la lucha incansable de los organismos de derechos humanos y de una sociedad que, a pesar de las crisis, ha sabido decir "Nunca Más". Ese grito, que resonó con fuerza en el juicio a las Juntas, sigue siendo hoy nuestra brújula moral frente a cualquier intento de relativismo o negacionismo.
"La memoria no es un ancla en el pasado, sino un faro para el futuro. Recordar es el acto de resistencia más genuino contra la repetición de la barbarie."
A 50 años, la herida ha cicatrizado, pero la marca permanece para recordarnos el precio de la libertad. Nuestra responsabilidad con las nuevas generaciones es clara: entregarles un país donde el respeto por el otro sea la norma y donde la memoria sea el combustible para una justicia que no llegue tarde.
Por los que no están, por los que lucharon y por los que vendrán, hoy más que nunca reafirmamos nuestra voluntad inquebrantable de vivir en democracia. Memoria, Verdad y Justicia: hoy, mañana y siempre.


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