
La Justicia Laboral vuelve a la carga contra el SOMU tras el triunfo de la Lista 22
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La victoria de la Lista 22 Naranja no fue solo un resultado numérico; fue una demostración de fuerza, orden y transparencia en uno de los gremios más importantes del país. Sin embargo, apenas se acallaron los festejos de una participación ejemplar, una sombra conocida volvió a cernirse sobre la voluntad de los trabajadores: la Justicia Laboral.
Lo que debería haber sido el inicio de un ciclo institucional incuestionable se ha visto empañado en las últimas horas por una maniobra que, desde el gremio, califican sin rodeos como una "operación política".
El fallo de la discordia
El centro de la polémica es la reciente notificación enviada al afiliado Luciano Andrés Doria y, específicamente, el fallo en el expediente 45775/2025. En este documento, la Cámara del Trabajo decidió rechazar la revocatoria presentada por el SOMU.
La Sala, integrada por los jueces Cañal y Fera, ha decidido mantener judicializado un proceso que, según la normativa vigente y el sentido común democrático, ya es cosa juzgada por los dueños del sindicato: sus afiliados.
"El problema no es jurídico: es político. Buscan ganar en los tribunales lo que no pudieron ganar en las urnas."
Una contradicción jurídica alarmante
Lo que despierta mayores sospechas entre la dirigencia de la Lista 22 y los expertos legales del sector es la evidente contradicción en los argumentos de la propia Justicia.
En su voto, la jueza Cañal admite explícitamente que el SOMU no posee facultades para suspender elecciones, reconociendo que esa potestad recae exclusivamente en la Junta Electoral. Sin embargo, en un giro difícil de explicar desde la lógica jurídica pura, rechaza el recurso del sindicato.
La lectura es desconcertante: reconocen que no es materia judicial, pero lo mantienen judicializado. La Junta Electoral, único órgano facultado, validó el proceso y ratificó el triunfo Naranja. Entonces, ¿por qué la Cámara insiste en intervenir?
Si se descarta la impericia técnica, la única explicación que queda sobre la mesa es la intencionalidad política. Desde el entorno de la conducción electa, las preguntas retóricas apuntan a sectores de poder que exceden el ámbito gremial:
La historia reciente del SOMU está marcada por intervenciones e intentos de disciplinamiento. Este nuevo capítulo, con medidas "in extremis" y cautelares que aparecen justo después de un triunfo arrasador, tiene el aroma rancio de las viejas operaciones de desgaste.
La batalla que viene
La Lista 22 Naranja ha sido clara: la defensa del voto se llevará hasta las últimas consecuencias. No permitirán que un escritorio borre lo que se ganó en los muelles, en los barcos y en las urnas de todo el territorio nacional.
La batalla sindical terminó con un ganador indiscutido. La batalla judicial, impulsada por intereses que prefieren las sombras a la luz de los votos, recién comienza.


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